Estudiando sus cerebros con ayuda de resonancia magnética en tres dimensiones, Emily Rogalski y sus colegas han demostrado que existe más vitalidad en su corteza –la capa más externa del cerebro, clave en la memoria, la atención y el razonamiento-, que además es mucho más gruesa que la de otras personas de la misma edad, muy similar a la de sujetos en torno a los cincuenta años de edad
. Según apunta Rogalsky, una corteza adelgazada sugiere la pérdida de neuronas o materia gris. De hecho, los exámenes cerebrales también mostraron que las personas de 80 a 99 que sufrían un declive en la memoria tenían cortezas más finas.
Por otra parte, las imágenes cerebrales obtenidas en el estudio muestran que existe una región profunda del cerebro, la corteza cingulada anterior, que es incluso más gruesa en los "superancianos" que en cualquier adulto de 50 años. Esta región es importante para la atención.
“Quizás los superancianos se distinguen sobre todo por tener una capacidad de atención muy aguda que es la que daría soporte a su extraordinaria memoria”, sugiere Rogalsky.
Los investigadores esperan que al identificar a estos "superancianos" –que planean donar sus cerebros una vez fallezcan para el estudio celular de sus estructuras- se puedan desvelar los secretos para mantener un cerebro joven, y así proteger al resto de la población de los problemas de pérdida de memoria propios del envejecimiento y de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer.
“En lugar de estudiar lo que va mal en el cerebro, hemos analizado cerebros ancianos pero excepcionalmente sanos”, aclaran los investigadores, que aseguran que en ese sentido su trabajo es “único”.
Otra cuestión que aún no se ha resuelto es si retener el volumen cerebral protege las habilidades de pensamiento, o si mantener las habilidades de pensamiento protege al volumen cerebral.
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