Si Barack Obama es reelecto el 6 de noviembre, le deberá a la primera dama más que a cualquier otro presidente por haber ganado un segundo periodo.
El martes por la noche en Charlotte, Carolina del Norte, Michelle Obama ofreció uno de los mejores discursos que han sido pronunciados en una convención política. El discurso podría tener más impacto en el futuro inmediato del país que cuando su esposo se dirigió a la nación en el 2004 durante la Convención Demócrata Nacional en Boston. ¿Por qué?
Su discurso identificó las historias personales de los Obama con la vida de millones de electores que luchan por no ser la primera generación de estadounidenses que no puedan ofrecer una esperanza y mejores oportunidades para sus hijos que las que ellos tuvieron. Dibujó un contraste con Mitt Romney como una inconfundible caricatura de privilegio sin ensombrecer su plática con negatividad o antipatía.
De hecho, hubo una emoción mucho más real que en la de cualquier otra retórica a este nivel que yo recuerde, era un sentimiento raramente logrado en el lenguaje político actual: amor.
La primera dama no tuvo miedo de usar la palabra amor de manera abierta y constante, en relación con la gente trabajadora de todas las clases, las familias de las personas que colaboran para los servicios armados, inmigrantes, padres y especialmente con su esposo e hijos. Y no tuvo recelo de mostrar una conexión emocional con sus palabras en una presentación que destacó por su pasión y sinceridad con abundantes líneas citables.
Como el humor, el sentimiento auténtico es un riesgo en los discursos políticos, pero las recompensas pueden ser las de un nivel de conexión más profundo y fuerte que cualquier otro discurso de apoyo.
No importa cuánto lo nieguen, el hecho es que las prioridades, la conducta y los logros de la administración de Obama han sido una decepción para gran parte de los demócratas.
Algunos dicen que el pináculo de la carrera política de Obama pudo haber sido la noche de la elección en el 2008. Cuatro años después, idea la manera de volver a inspirar a millones de ciudadanos que sienten que ha facilitado el camino a aquellos que le hicieron daño y buscan destruirlo.
Dependerá de él si escoge el cambio sobre la diplomacia, ya que un líder no puede tener ambas, y tener la oportunidad de ofrecer un segundo discurso inaugural que será mejor que el primero. Tal vez un segundo periodo sembrará más exitos que el primero. La señora Obama le recordó a la nación el martes por al noche: "Ser presidente no cambia quién eres ...revela quién eres".
Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Gordon Stewart
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