En la guerra a muerte entre el hombre y el
Helicobacter pylori, o H. pylori, la bacteria -a la que se atribuyen males terribles-, tenía una carta secreta. Una que redefinió los términos del conflicto.
Los científicos estaban convencidos de que el microbio, que habita
naturalmente los intestinos del ser humano, tenía que ser erradicado:
tiene una gran capacidad de infección, es responsable de úlceras y está
asociada al desarrollo de cáncer estomacal, según descubrimientos
científicos que emergieron entre 1980 y la década del 2000.
"Pero nosotros empezamos a estudiarlo mejor, intentando comprender su
ecología y su evolución en relación a los humanos y encontramos
evidencia de (ciertos) beneficios (que la)
H. pylori" puede ofrecer, dice a BBC Mundo Martin Blaser, director del
Human Microbiome Program en la Universidad de Nueva York.
Sus más recientes investigaciones demostraron
que el "patógeno malísimo" protege al esófago contra el reflujo y que su
presencia en la microbioma de los niños previene el asma.
En consecuencia, comenzó una campaña por
intentar detener su extinción, desatada por su incesante combate con
antibióticos, y más bien promover su "uso".

Lo que a Blaser le gustaría alcanzar es una suerte de pacto de caballeros, en el que "los médicos del futuro darán
H. pylori
a los niños para que los colonice, para aprovechar su efecto protector
en una edad temprana. Y más tarde, probablemente, remover el organismo,
tal vez a los 40 o 50 años".
El caso de la
H. pylori es un ejemplo
de cómo está cambiando el enfoque de la ciencia sobre la relación entre
el ser humano y el conjunto de microbios que lo habitan, también
conocido como microbioma.
Microbios vs. antibióticos
Hasta hace poco, sólo se le prestaba atención al
rol patógeno de los microbios. Y la principal herramienta para
combatirlos eran los antibióticos.
Pero desde que se empezó a valorar el papel de
los microbios en el mantenimiento de un equilibrio saludable en el
organismo, los antibióticos pasaron de ser la máxima panacea a ser
juzgados con matices.
Gran parte de la comunidad científica concuerda
en que su uso excesivo ha llevado a una modificación de la microbioma
que los expertos vinculan a un incremento en alergias, como el asma,
entre otras dolencias.

Catherine Duff estuvo cerca de morir en varias ocasiones antes de intentar un FMT.
En casos extremos, además, los antibióticos
pueden tener un efecto altamente nocivo. Sólo en Estados Unidos, unos
14.000 pacientes sometidos a intensos y prolongados tratamientos con
antibióticos mueren por una infección muy difícil de controlar. La causa
una bacteria llamada
Clostridium difficile (
C. difficile o C. diff), que forma parte del ecosistema microbiano que habita en los intestinos humanos.
En situaciones normales, está contenida y no
causa problemas, pero cuando el cuerpo es bombardeado con antibióticos,
muchas de la poblaciones de las otras bacterias que forman ese
ecosistema mueren y permiten que el número de
C. diff crezca en forma desproporcionada.
Es exactamente lo que le pasó a Catherine Duff, una estadounidense de 57 años, que estuvo cerca de la muerte por esta causa.
En total Duff pasó por ocho infecciones
confirmadas. "Me deshidrataba en forma severa frecuentemente, y eso
afectó a mis riñones", le dice Duff a BBC Mundo. La infección con
C. diff también provoca diarrea, fiebre y dolores abdominales, todos síntomas que pueden volverse severos y hasta ser fatales.
Cada vez que ella tomaba antibióticos, por pequeña que fuera la dosis (aún en gotas para los ojos), volvía a ocurrir.
La solución para el problema de Duff llegó en la segunda mitad de
2012, en la forma de un tratamiento cuyo nombre -y ejecución- es poco
atractivo: trasplante fecal, conocido en inglés también como FMT, siglas
de trasplante fecal de microbiota (que suele usarse como sinónimo de
micrombioma).
Trasplante fecal
El FMT utiliza los microbios de otra persona para combatir la infección y normalizar la microbiota intestinal del paciente.
El procedimiento es relativamente sencillo,
aunque no del todo agradable (suele hacerse vía enema) y "prácticamente
cualquier humano sirve" como donante, le explica a BBC Mundo Alex
Khoruts, quien ha estado investigando por años su eficacia y
perfeccionando el procedimiento de los trasplantes fecales en la
Universidad de Minnesota, Estados Unidos.
En el caso de Duff, el donante fue su marido. Y
ella asegura que todas las incomodidades valieron la pena: "A las pocas
horas empecé a sentirme mejor y al día siguiente tenía la energía para
salir de la cama, tomar una ducha y cambiarme, algo que no había podido
hacer por meses".
Quedó tan sorprendida con la eficacia del tratamiento que hasta estableció una fundación,
The Fecal Transplant Foundation, para intentar ayudar a gente que se encuentra en su misma situación.
Sin embargo, la manipulación de la microbioma a través de la FMT todavía no está libre de controversia.
"La preocupación con los trasplantes fecales es
que esta gente que los recibe se recupere de la infección inicial pero
luego desarrolle otras enfermedades; reciben este microbio inoculado de
otra persona, y tal vez su sistema inmune no está fuerte o el mismo
microbio en mi cuerpo no es patógeno pero podría serlo en el tuyo", le
dice a BBC Mundo Lita Proctor, coordinadora del
Human Microbiome Project de Estados Unidos.
Khoruts admite que este riesgo teórico existe,
pero asegura que hasta ahora no le ha ocurrido a los pacientes que ha
tratado. "Yo practiqué más de 130 de estos procedimientos para infección
recurrente de
C. difficile, y realmente no vi problemas. Pero hace falta que se hagan ensayos formales", dice.
Más allá de los riesgos, el otro gran
interrogante es si este tratamiento puede servir para otras
enfermedades. El consenso científico suele ser que no, al menos hasta
ahora. Sencillamente, porque modificar la composición microbiana en
adultos es muy difícil: la infección con
C. difficile representa un caso excepcional, porque la microbioma de los pacientes que la padecen está casi extinguida
Probióticos del futuro
"Si
pudiéramos manipular la producción de los complejos que producen las
bacterias, sería fantástico; podríamos promover la producción de los
beneficiosas y disminuir el de los nocivos"
Si la FMT tiene un uso limitado, ¿de qué otra forma podrían nuestros microbios ayudarnos a sanar?
"Modelos experimentales han mostrado que se
puede reducir el desarrollo de cáncer si se incorporan ciertos
probióticos", dice a modo de ejemplo Christian Jobin, del departamento
de enfermedades infecciosas y patología de la Universidad de Florida,
EE.UU. Los probióticos se definen como organismos vivos que al ser
consumidos en cantidades adecuadas provocan un beneficio para la salud.
Jobin aclara, sin embargo, que dar probióticos
en forma de un simple cóctel de bacterias no es el mejor camino. "Esto
no es una intervención muy precisa, es como tender una red muy amplia",
afirma.
"Lo que realmente queremos hacer", dice Jobin,
"es intervenir en aquello que las bacterias producen, en su actividad,
para conseguir mayor precisión, en vez de modificar toda la bioma,
porque no se sabe con qué va a terminar uno".
En un trabajo con ratones, su equipo logró establecer que un grupo de genes que a veces se encuentra en la
E. coli
(la bacteria más común en el cuerpo humano) es responsable de la
aparición del cáncer y consiguió luego detectar altos niveles de esos
genes en poblaciones de
E. coli en pacientes humanos con cáncer colorrectal.
Jobin cree que este descubrimiento puede ser el
paso inicial en el diseño de futuras terapias de manipulación de la
microbioma que permitan atacar bacterias, o cepas de bacterias, capaces
de inducir cáncer.
"Si pudiéramos manipular la producción de los
complejos que producen las bacterias, sería fantástico; podríamos
promover la producción de los beneficiosas y disminuir el de los
nocivos", reflexiona Jobin.
Microbios como farmacias

Sus investigaciones llevaron a Martin Blaser de querer exterminar la H. pylori a intentar rescatarla de la extinción.
En un artículo publicado en marzo de 2013 en
Nature Reviews, Rob Knight, de la Universidad de Colorado y uno de los
referentes del estudio de la microbioma dijo que uno de "los hallazgos
más valiosos hasta ahora es el de los vínculos entre la microbioma y el
metabolismo de drogas, incluido el uso de la microbioma misma como
objetivo de las drogas".

Y para Blaser "la próxima clase de nuevas drogas
serán productos de microbios o tal vez los propios microbios, como
fábricas, produciendo químicos que necesita el cuerpo humano".
En mayo de 2013 el gran capital de la industria
farmacéutica dio su primera señal de asentimiento al estudio de los
microbios como potenciales agentes de salud: Johnson & Johnson
acordó trabajar junto a Second Genome (compañía con la que trabaja
Blaser), una de las primeras empresas biotecnológicas enfocadas a la
elaboración de tratamientos basados en microbioma.
Así que es posible que en el futuro, casos como
el de Catherine Duff ya no requieran pasar por una intervención tan poco
elegante como el trasplante fecal, y puedan curarse con un probiótico o
algún tipo de compuesto semejante.