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martes, 12 de febrero de 2013

El cambio: del amanecer al atardecer de la vida


Justo cuando empezó el atardecer en mi vida todo lo que siempre me había parecido importante, dejó de serlo. Y lo que creía tener muy claro y consideraba 100% cierto, de pronto se volvió difuso y cuestionable. Triunfar, el dinero, el éxito profesional y la ambición en general dejaron de parecerme importantes. Vivir en paz y con un ritmo tranquilo, disfrutar de la naturaleza y de los pequeños placeres de la vida se volvieron mis prioridades.
La mayoría de la gente a mi alrededor (en especial mis hijos y mi madre) no me entendieron. Les parecía que súbitamente me había convertido en una hippy irresponsable, conformista y perezosa que ahora no quería más que dar clases de belly dance y meditación y dedicar el resto del día a escribir, la contemplación y ser feliz de una nueva manera en la que requiero menos cosas para sentirme bien.
No los culpo, después de todo durante 40 años los acostumbré a que los adjetivos “trabajadora, luchona, ambiciosa y exitosa” me definieran. Fue así como yo misma me relegué al papel de proveedora y permití que mi felicidad estuviera determinada por lo que poseía.
El conflicto entre su visión de mí y mi nuevo sentir sobre mí misma, aunado a un nuevo “fracaso” sentimental, estaban desgarrándome por dentro. Me sentía perdida, incomprendida, frustrada y utilizada. Pero, sobre todo, en conflicto con una especie de llamado interno que me decía que había llegado el momento de cambiar el rumbo de mi vida.
Fue en ese contexto que una mañana “me topé” con la película “The Shift” (El Cambio) dirigida por Michael A. Goorjian y estelarizada por Wayne Dyer, que una amiga compartió en el Facebook. La película contiene varias perlas de sabiduría, que aunque no son originales (ya que muchas de ellas son verdades que la doctrina del Tao reveló alrededor del siglo VI antes de Cristo) resulta muy útil tenerlas presentes, especialmente cuando llega ese momento en el que nuestros valores cambian radicalmente y empezamos a buscar el sentido real de la vida.
Aunque contiene muchas perlas de sabiduría, esta es la que más me impactó:
  • En el atardecer de la vida empezamos a pensar en el cumplimiento de un dharma, un destino, un llamamiento que solo podemos sentir en nuestro interior. Entonces ganar a otros se vuelve menos importante que sentirse realizado y vivir la vida con un objetivo.

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